
Cada vez que llego pronto a trabajar, si me meto al bar de la lado a tomar un café, dentro del establecimiento puedo asegurar que el 90% son clientes mios. Por supuesto les saludo y me saludan radiantes. Si no tomo un café y aprovecho para hacer alguna compra, véase en la farmacia, la mercería, la tienda de ropa de niños baratísima o la tienda que hay cruzando la avenida donde venden cosas de decoración "divinas de la muerte" y donde me gusta perderme y mirar todo el género nuevo que van trayendo y comprar algún caprichito para casa, durante todo el trayecto me cruzo por lo menos con 7 u ocho clientes.
Estoy todo el camino diciendo "hola", "hasta luego" , "sí, ahora entro a trabajar"... a diestro y siniestro. Incluso me han llegado a encargar por la calle dos barras de pan gallego "blanquitas, que luego me paso...". Al final, cuando llega mi hora de entrar y me voy acercando a la tienda, no puedo evitar saludar a los clientes que me encuentro con un medio ataque de risa...
Y que conste que no me quejo, me encanta que me dirijan la palabra tan amablemente y tan cordialmente, y hasta con alegría de ver a la chica de la tienda del pan fuera del mostrador y con ropa de calle. Incluso el otro día, al cruzar un semáforo donde me daba todo el sol de frente y no veía tres en un burro, me paró una clienta a saludarme "chica! hasta luego!"
Lo que pasa que llega un punto que ya es demasiado para mi. Me los encuentro por toda la ciudad y territorio aragonés.

Un año, acudimos la familia con unos amigos a la celebración de la noche de las ánimas que se celebra en un pueblecito del Moncayo, Trasmoz concretamente. Cuando estábamos sentado en la puerta del bar tomando algo, pasó una señora , se paró delante de mi y me dijo:
"anda! tu eres la chica de Pekín Pekín no? te he reconocido por la voz, porque sin el uniforme no me había dado cuenta"
"ahí va! qué casualidad verte por aquí!" le contesté
"huy, de casualidad nada, maña, que soy la presidenta de la asociación cultural y estoy trabajando para que toda la celebración salga bien"
Después de este encuentro, esta mujer me mantuvo en Zaragoza informada de todas las celebraciones culturales que se celebraban en Trasmoz...hasta que dimitió del cargo.

Otro día, estábamos tomando algo mi marido, con mis hijos y unos familiares en la cafetería de la hospedería del castillo del Papa Luna, en Illueca. Sí, allí también estaba una clienta que resultó ser oriunda de ese pueblo.
Para darme de cabezazos contra la pared o practicarme el Hara Kiri, el caso que ya os he contado en varios post de la clienta de las fresas, que su hija resultó ser vecina mía, y ahora tengo que sufrir la carga de encontrármela (a la madre) deambulando por la comunidad o en la piscina comunitaria con sus nietos y no despegármela de la chepa ni con agua caliente.
Hoy ha entrado una clienta, ya os hablé de ella de pasada en un post, es esa chica que el día que tuve que ir al internista y no venía nadie a sustituirme se quedó conmigo en la tienda para evitar que yo cometiera alguna locura.
Entra con su hija y me dice:
-Anda Mª Luz que no veas ayer por la tarde que show ¡¡y tú sin darte cuenta!!
-¿qué dices? ¿ayer por la tarde?
-¡¡Si!! ibas en tu coche, detrás de mí por la Avenida de San José. Yo te vi por el retrovisor y justo cuando paramos en un semáforo en rojo, te empecé a hacer unos gestos y aspavientos, que los conductores que me vieran pensarían que estaba loca jajaja ¡y tú sin enterarte!
-¿Que me dices? ¿pero cómo quieres que me entere? ¡si vas delante y yo no te veo ni sé qué coche tienes! jajaja. Además aparte de eso, yo iba histérica pues llegaba tarde a una reunión, como para fijarme en la loca del coche de delante...jajaja
-Pues fíjate que hasta mi hija me dijo "pero mamá ¿qué haces? ¿a quien llamas?" y le tuve que decir que estaba Mª Luz, la chica del pan, detrás de nosotras, sí la que está en la tienda de Pekín Pekín y lleva el pelo rojo. ¡¡jajaja no veas como nos reímos!!
Vale, de acuerdo, Zaragoza no es una megametrópilis, pero también es casualidad parar detrás de esta chica en el mismo semáforo a la misma hora en una avenida que está en la otra punta de donde ambas vivimos, como lo es que la pesada de las fresas sea medio vecina mia, y ni siquiera en las escapadas de fin de semana me libre de ver a los clientes por esos mundos de Dios.












